COSTANOTAS noviembre 2, 2018

El jugador nacido en La Guajira le dio el pase a Junior a la semifinal de la Copa Sudamericana luego de marcara un gol ante Defensa y Justicia con soberbio remate de derecha.

El delantero wayuu jugó la Copa América de Pueblos Indígenas con Colombia, donde el Pibe Valderrama era el técnico, el eterno 10 de la selección quedó admirado con su talento, lo recomendó al Junior y ahora es una de las estrellas del cuadro que dirige Julio Avelino Comesaña.

Le gustan los vallenatos de Silvestre Dangond y también los de Martín Elías, aunque cuando quiere ponerse sentimental la música del ‘Cacique de la junta’ sale a flote. Luis no pierde sus costumbres de Barrancas, un municipio a 103 kilómetros de Riohacha ,capital de La Guajira.

No olvida las raíces de sus ancestros de su étnia wayuu, una comunidad indígena ubicada en el nacimiento del río Ranchería. “Mucha humildad, poco apoyo. Ese es mi pueblo, un lugar en el que la gente te da sin importar que no tenga nada”.

En Barrancas empezó su gusto por el deporte y aprendió a jugar al fútbol en la escuela que dirigía su papá, a escaparse del colegio para irse con sus amigos a los riachuelos y apurar el tiempo en días en los que el calor detenía el reloj. A ver pasar los vagones rebosados de carbón y a escuchar las ruedas rechinar contra rieles corroídos por el clima.

Gracias a su mamá terminó el bachillerato, para que lo dejara hacer lo que más le gustaba que era jugar con la pelota. Su calidad para manejar el balón y protegerlo lo llevó a  viajar a Bogotá a representar a su comunidad indígena en una pre-selección Colombia. Cuando el técnico lo vio se asombró: “Jugaba con la cabeza levantada y era clarito con los pases. Me dejé llevar por las apariencias y luego me sorprendió”, comentó Jhon Diaz entonces DT.

Lucho quedó en entre los seleccionados para viajar a Chile a la Copa Americana de Pueblos Indígenas, jugó todos los partidos con Colombia, anotó dos goles y fue capitán del equipo en dos partidos. “Cuando ponía la música en la concentración dejaba de ser introvertido. Tanto, que una vez me tocó subir a las 11 de la noche al cuarto porque tenían una guachafita con otros compañeros y no dejaban dormir”, rememora Díaz.

El Pibe también quedó maravillado con las gambetas del guajiro. “Eche, yo voy a recomendarlo al Júnior”. De esta manera fue contratado por el Barranquilla F. C., equipo filial del Junior, como el wayuu que venía como estrella de la selección. “Era muy flaco. No puedo decir que estaba desnutrido, pero sí que tenía falencias en la alimentación”, apunta Percy Cardona, preparador físico del equipo y quien trabajaba con el entrenador Arturo Reyes (Quien dirigió a la selección Colombia de mayores en la reciente gira por los Estados Unidos).

Su talla contextura era el reflejo de una región olvidada por su propio gobierno, la huella de la vida que había padecido. “Lo llevamos a uno de los hogares sustitutos que manejamos, le aumentamos la cantidad de proteína (de 150 a 250 gramos) y el tipo de vegetales. Además empezamos a darle unos suplementos multivitamínicos para aumentar su masa muscular”.

Marcó de cabeza su primer gol como profesional al Cúcuta en el Metropolitano jugando para el Barranquilla. Al siguiente semestre Julio Comesaña lo llamó para que integrara la nómina profesional de Júnior. “En mi pueblo me reciben como si lo hubiera ganado todo, y eso que apenas estoy comenzando”, dice, de manera pausada, como si pensara cada palabra antes de expulsarla, como si el tono fuera de un cuento. Aunque no domina el dialecto wayuu, reconoce las palabras, pues sus oídos están familiarizados con una lengua que es muy suya, de sus antepasados, de sus tíos, de su gente. “Es bastante complicado. Para poderlo hablar con fluidez hay que practicar mucho”.

Hoy Luis Diaz a sus 21 años es una de las promesas del fútbol colombiano y muchos de sus compañeros lo ven jugando en Europa. “Tengo que ponerme a aprender inglés, porque uno nunca sabe”.

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